La Hojalata del Tambor llamados La Voz hojala

Published on septiembre 10th, 2017 | by lavozsur

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La Hojalata del Tambor; Sábado 9 de septiembre de 2017

llamados La Voz hojala

*Segundo informe o la lección de cómo pasar del aplauso al odio y la decepción

Mejor escenario imposible: Casino Auditorio, un espacio cerrado y un día “incómodo” para las agendas (lunes). Lejos quedaron los derroches de populismo y altas convocatorias dominicales en Las Fuentes para la administración pública de Zapotlán el Grande, presidida por Alberto Esquer Gutiérrez.

El Munícipe rendirá su segundo informe de gobierno en un entorno de tensión, polarización, desaprobación y un sinfín de polvorines a punto de estallar… pero si van a explotarle, se blinda para evitar a los manifestantes en su “día estelar”.

El segundo año para Movimiento Ciudadano en este municipio estuvo manchado por episodios innecesarios provocados por el propio Alcalde y su Cabildo sumiso, mismos que atestaron contundentes golpes de rechazo social, demostraron una explícita corrupción y abrieron la puerta a conflictos dolorosos con grupos sociales cruciales para la columna vertebral del municipio.

Es cierto que hubo obra pública, que se supo atender con proyectos y programas sociales a colonias marginadas por gobiernos de aquellos que militantes naranjas llamarían el “PRIAN”; que entendieron que Ciudad Guzmán ya no está representada únicamente por su zona centro.

Pero todo lo anterior forma parte de las responsabilidades laborales de funcionarios públicos que reciben un muy digno salario por desempeñarlas. Si hubo éxitos en el segundo año, el pueblo se los está pagando para conseguirlos.

Para su desgracia política, las buenas acciones se empañaron con aquellos proyectos generales y de largo alcance que se orquestaron en la oscuridad; donde hubo millonarios e injustos contratos con beneficios para los particulares y no para las arcas municipales (foto infracciones, concesión de la basura, entre otros), hechos que destapan sospechas de negocios entre amigos.

Lo más doloroso para Zapotlán el Grande -hasta para aquellos 17 mil electores que confiaron en Esquer- fue que el gobierno promotor de “poder y decisión para el pueblo” los pasó por alto en los temas trascendentes, los cuales les fueron impuestos pese al repudio popular.

Ni hablar de las conductas individuales y la falta de humanismo que ha desenmascarado la segunda cara de los emecistas (o quizá ese sea su auténtico rostro): la falta de sensibilidad que estuvo a punto de dejar en la calle a 60 trabajadores por beneficiar a una empresa; o su injerencia que asesinó la paz entre los trabajadores del Municipio, y causó un ambiente de tensión entre ellos.

Vale la pena mencionar la falta de autocrítica y la obtusa mente que ha mantenido el Alcalde, y que parece un contagioso virus para su círculo cercano. Con ellos todo señalamiento se considera como una rencilla personal, cuando en realidad se está observando su desempeño público que impacta en la vida de 100 mil zapotlenses y que podría ser remendado para llevar a mejor puerto la administración. Lejos de escuchar, prefieren apostar por el odio y el pretexto barato.

Si los alcaldes tuvieran que presentar un anti informe cada año, el segundo para Esquer tendría que tener como su colmo el desenlace de la historia rosa, pues el pueblo que en su mayoría lo aprobaba a grados extremos de fanatismo, abrió los ojos y actualmente se percibe una población zapotlense que repudia a su presidente municipal y lo responsabiliza de cuantas fallas y problemas ocurran.

Hasta las nimiedades impensables en la creencia colectiva se están convirtiendo en culpa de Alberto Esquer y su equipo. Un caso similar a lo que ocurre a nivel nacional con Enrique Peña Nieto, quien termina recibiendo para cualquier acto negativo la etiqueta de autor.

Este pensamiento es plenamente justificable. En 2015 la marca naranja arrasó en las elecciones no por conquistar simpatías del electorado, sino al recibir el “voto de confianza” de éstos.

La gente reconoció todos los antecedentes negativos que el entonces candidato había acumulado en dos periodos como diputado, pero creyeron que un cambio positivo podía ocurrir en su desempeño público y que su experiencia como político abría la posibilidad de generar progreso en Zapotlán.

En dos años se perdió ese sensible sentimiento llamado “confianza”… y seguramente con ella también el voto será arrastrado hacia otras propuestas políticas. A paso veloz se defraudó a la mayoría zapotlense.

Hubiera sido tan fácil complacer a la población manteniendo como simple estandarte de gobierno las obras ejecutadas en dos años, y si el alcalde hubiera optado por un bajo perfil en lugar de preferir el ego y la cerrazón; pero se impusieron los caprichos y los proyectos innecesarios plagados de ilegalidad y corrupción… el resultado ahí está: el candidato que hace dos años era vitoreado por el pueblo hoy tiene que ocultarse para evitar abucheos y calificativos de mentiroso.

 

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