Descomposición Social y Violencia
Recientemente, el municipio de Zapotlán el Grande ha sido protagonista de hechos de violencia que han sacudido a la sociedad y que deben ser un llamado de alerta a las autoridades de los tres niveles de gobierno, para evitar que se siga propagando el virus de la descomposición social.
La seguridad se ha constituido en el motor del desarrollo en todos los órdenes de la vida pública. La inseguridad es el caldo de cultivo de otros fenómenos sociales que, poco a poco, minan a una sociedad, como ya lo hemos visto en los últimos años, provocando pérdida de principios, desconfianza hacia nuestros semejantes y sobre todo miedo en un entorno que antaño era cómodo y seguro.
Hace unos días, se dieron a conocer los resultados de la más reciente Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana, que elabora el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), cuyos datos sirven de base para la planeación estratégica de las empresas, tanto nacionales como extranjeras, que generan empleo y economía en el país. En este documento, se afirma que más de la mitad de los ciudadanos (un 60 por ciento) en el territorio nacional de 18 años y más, se siente inseguro en la ciudad en que vive.
Para darse una idea de la descomposición social en nuestro municipio, y desde luego de la falta de acciones por parte de las autoridades, habrá que mencionar que Zapotlán el Grande es el municipio del Sur de Jalisco donde más delitos se denuncian, con un promedio de 48 carpetas de investigación por mes, contra 11 de Tamazula, 9 en Gómez Farías, 10 en Sayula y 10 en Zapotiltic.
Por eso, hechos delictivos como el homicidio de un menor de edad, otro de una mujer y el de un hombre ejecutado a balazos a plena luz del día, los cuales ocurrieron en menos de dos semanas, deben ser un llamado de alerta para las autoridades municipales y estatales, pero también para los padres de familia para que pongan más atención en el núcleo familiar.
Puede sonar moralista, pero en varios municipios sureños las autoridades policías no están cumpliendo su función que es vigilar las calles y cuidar la integridad y patrimonio de los ciudadanos, por lo cual, es importante reforzar el núcleo familiar, la comunicación abierta y honesta, construir rituales familiares, establecer límites claros y promover el respeto mutuo. Además, es recomendable enseñar a los niños habilidades de autoprotección y fomentar un ambiente de confianza donde puedan expresar sus preocupaciones y buscar apoyo ante cualquier situación de violencia o abuso.
Y de paso, a las autoridades municipales encargadas de la seguridad hay que dejarles bien claro que tienen la obligación de vigilar las calles y cuidar a la ciudadanía, y si no pueden, o no quieren hacerlo, que dejen el cargo para personas que estén realmente interesadas en cumplir con sus funciones.



