El cambio de administración en la autopista Guadalajara-Colima se ha tornado en un caos total, pues la improvisada medida del Gobierno Federal ha puesto en evidencia que varias de sus dependencias no están funcionando e incluso, sus fallas operativas ya están cobrando vidas.
Resulta ilógico lo que está sucediendo en esta vía, ya que, en sus inicios, la autopista era administrada por la empresa Operadora de Autopistas Sayula, que, con el paso del tiempo, fue disminuyendo la calidad de sus servicios e incrementando sus tarifas de forma discrecional hasta que la vía quedó prácticamente sin vigilancia, sin servicios médicos, ambulancias o ayuda mecánica para los usuarios.
El tramo carretero Guadalajara-Colima se desarrolla entre los estados de Jalisco y Colima. Entró en operación en enero de 1989. La concesión surgió en 1987, en un fideicomiso constituido por el Banco Nacional de Obras y Servicios Públicos (BANOBRAS), que ha sido modificado mediante convenios posteriores con la Secretaría de Comunicaciones y Transportes.
Desde entonces, el concesionario fue reduciendo poco a poco los servicios para los usuarios, quitando los consultorios médicos, las ambulancias y los baños en las casetas de Acatlán, Ciudad Guzmán y San Marcos, así como las áreas de descanso.
Y a pesar de la ampliación que llevó cerca de tres décadas, la autopista ha quedado totalmente rebasada. En las tres administraciones que ha tenido, inclusive a manos de una empresa española, ha demeritado sus servicios y de manera acelerada perdió su capacidad debido a los 35 mil vehículos que circulan en ella diariamente.
Peor aún, el improvisado cambio de concesionario provocó un caos total en esa vía que en menos de una semana ya cobró su primera vida y ha dejado al menos una docena de lesionados.
Las casetas no aceptan telepeaje, las encargadas de cobranza dicen no tener cambio y la Guardia Nacional sigue brillando por su ausencia en dicha vía y lamentablemente cuando hay un accidente, tardan más de una hora en hacer acto de presencia.
En su primer día de operaciones se estrenaron con filas kilométricas y un fatal accidente en el Puente Beltrán. Al siguiente, otros tres percances a la altura de Acatlán, donde se puso en riesgo la vida de un paciente pediátrico que era trasladado en una ambulancia a Guadalajara.
Por ello, lo más deseable es que el nuevo concesionario dependiente del Gobierno Federal demuestre que el cambio de administración valió la pena y beneficiará a los 35 mil usuarios que diariamente cruzan por esa vía; pero, sobre todo, que lo hagan con eficiencia y seguridad.

