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Published on octubre 22nd, 2022 | by lavozsur

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Historias de la Región – Los Cristeros Atacan Zapotiltic

Era el año de 1927, cuando se vivía una lucha armada entre el ejército cristero y el ejército federal. Manuel Facio era en ese entonces uno de los jefes de división cristera, y Bernabé Reyes el segundo al mando de la zona, pero después de casi dos años de lucha de los cristeros, sus recursos económicos cada vez se veían más limitados, el 90% de sus recursos eran “prestamos” a la fuerza a las haciendas o a los ricos de la región para continuar su lucha.

Por lo que Manuel Facio planeo imponer un nuevo “préstamo de guerra” a Don Alfonso Marentes, Presidente Municipal de Zapotiltic, pues los cristeros tenían mucha necesidad de ser ayudados económicamente, y condicionó que, si este préstamo no se hacía efectivo, atacarían la plaza de Zapotiltic y obligarían al presidente a entregar la cantidad solicitada.

De esta manera Manuel y Bernabé que habitaban en las faldas del Nevado de Colima, en las cercanías de Atenquique, bajaron con el dueño del mesón de este poblado para redactar una carta al presidente, pues éstos eran analfabetas. Se envió esta carta de solicitud de préstamo al presidente, dicha carta fue recibida el 27 de abril de 1927 en la presidencia de Zapotiltic, pero la respuesta nunca salió.

Pasaron tres semanas de espera y al no haber contestación; en la madrugada del 18 de mayo de 1927, entró a Zapotiltic Manuel Facio, con más de 50 hombres armados a caballo, mientras Bernabé Reyes irrumpió en la Presidencia Municipal prendiéndole fuego y tomando armas y parque que encontró. Manuel Facio armado con un hacha tumbaba la puerta a golpes de la casa donde vivía el presidente Alfonso Marentes, que vivía justo frente a la Presidencia.

Al escuchar que trataban de derribar la puerta, Don Alfonso y su esposa rápidamente abrieron una puerta secreta empotrada en el suelo y comenzaron a bajar a sus hijos aun dormidos ayudados por su sirvienta a un túnel, que años antes habían construido por los asaltos de revolucionarios a los ricos y conectaba con las casas vecinas, más aún no terminaban de bajar a sus hijos cuando la puerta fue derribada y comenzaron a entrar los cristeros. Don Alfonso cerró la puerta secreta quedando aun dormida en su cama una de sus hijas, una bella joven de 17 años llamada Margarita.

Manuel Facio y sus muchachos, rifle en mano, entraron a la casa buscando al presidente Marentes, a quien pretendían llevarse, pero nunca lo encontraron, ya casi por salir Manuel observó en un cuarto, a una hermosa joven aun dormida, la levantó de su cama y salió con ella en brazos, montó su caballo y dio orden de abandonar la plaza y regresarse a las faldas del Volcán. Para Manuel el asunto estaba resuelto, con aquella joven en su poder, él tendría seguramente el dinero pedido.

La joven al despertarse en brazos del cristero comenzó a gritar aterrada, y aunque trataba de bajarse del caballo, pronto vio que era esfuerzo inútil. Ya de camino, cuesta arriba, bajo los pinos de la sierra, Manuel Facio comenzó a pensar que se había metido en problema muy grave, el soldado cristero que atropellase a una mujer, abusando de ella, tendría que ser pasado por las armas. Y él sabía que Dionisio Eduardo Ochoa su jefe, era hombre muy recto y enérgico. El temía, y con razón, porque Ochoa nunca permitió inmoralidades ni abusos.

Manuel Facio se preguntaba como saldría de aquel problema, pero por otra parte, después de mucho rato de cargar a la chica comenzó a verla cada vez más bella, y sin pena ni premuras le dijo, oye, chula ¿Quieres casarte conmigo?, la chica, no contesto, y una vez más Manuel insistió a lo que la Margarita por fin respondió, ¡Cásate con tu abuela!,.

Manuel le dice, mira los cristeros tenemos un gobierno muy duro, yo no puedo llegar contigo al cuartel general de Caucentla, porque Don Nicho, que es nuestro jefe, no me va a perdonar ésta y me fusila: ¿Tú quieres que me fusilen?, “¡Que lo fusilen!” contesta, y Manuel le comenta, “no, mira, allá, cerca de Caucentla, en unos ranchitos que se llaman El Gachupín, tenemos un curita, el Padre Mariano Ahumada, él nos puede casar, tú dices que te viniste por tu voluntad y él nos casa y así nada me pasa”. Y Margarita le vuelve a responder “¡Cásate con tu abuela!”, Manuel repica, “Pero es el único modo como puedo escapar de que mi jefe Don Nicho no me truene”, “¡Que lo truene por desalmado!” responde Margarita. Y, por más que rogó Manuel, la chica no se ablandó ya que era de recio carácter.

Bernabé Reyes su compañero le aconseja que no había más que depositar a la bella mujer con alguna familia buena de las chozas de aquellas rancherías del Volcán, él conocía muy bien aquellas familias por lo que así lo hizo, la depositó con un matrimonio de personas mayores de unos viejitos de las cercanías de Atenquique en medio del bosque. Antes de irse nuevamente Manuel le pregunta si siempre no se quería casar, y Margarita tomo tamaño piedra para arrojársela a Manuel por lo que mejor emprendió la retirada.

Después mandaron una comisión a Zapotiltic, para que dijeran al presidente que su hija estaba allí, que se le había respetado, porque las órdenes que tenían ellos los cristeros eran muy duras. Que mandara por ella, pero que con los enviados viniese también el dinero del préstamo por que tampoco estaban jugando acerca del dinero.

Don Alfonso Marentes al saber la noticia saco los $50,000.00 pesos en monedas de plata de su propio dinero lo cual no presento mayor problema económico pues era uno de los hombres más ricos de Zapotiltic, y envió a dos señores respetables, Don Ángel Arellano y Don Dionisio Rodríguez quienes temerosos llevaron el préstamo hasta el mesón de Atenquique, de ahí los llevaron caminando hasta llegar a la cabaña donde estaba Margarita. Manuel Facio los estaba esperando y les dice, “Díganle al papá que se ha respetado a la señorita, a pesar de ser muy bella y de haberle rogado que se quedara conmigo, y si no me creen, que lo diga ella”, ella responde “Sí, nada ha pasado entre este alzado y yo”. Dieron las gracias los señores Arellano y Rodríguez y regresaron con ella a Zapotiltic.

Después de ver como se alejaba aquella hermosa mujer, Bernabé Reyes le dice a Manuel, “pues le dices al Jefe don Nicho que te la trajiste por necesidad, porque el papá se escapó, que la depositaste con estos viejitos y que la respetaste y él tendrá que creerte”, a lo que Manuel responde, “Dios sólo sabe si me creerá o no. Todos sabemos lo bueno que es don Nicho como amigo; pero cuán recio es en las órdenes”, sus compañeros replican, “nosotros le diremos que la respetaste, así que no hay por qué te deba castigar.

Y pensativos llegaron a su cuartel en Caucentla, este estaba ubicado en la parte alta de las faldas del volcán de Colima subiendo por Tonila, en medio del bosque, punto perfecto para divisar todos los caminos y difícil de encontrar y emboscar. Al llegar se escucharon gritos de júbilo de los muchachos del campamento al ver regresar a Manuel Facio y a sus muchachos en excelentes caballos que habían robado de la Hacienda La Esperanza días antes, con pistolas reglamentarias calibre 45 y buenos rifles.

Dionisio Ochoa a la llegada de los muchachos sospechó que había algo raro pues traía cuantioso botín y lo interrogo, “¿Manuel, ¿cómo hiciste para hacerte de los caballos, de los rifles, de las pistolas, y del dinero?” pregunto el jefe, y Manuel narró a su jefe Ochoa todo lo acontecido. “Pero Manuel”, replica Ochoa, “tú bien sabes que el atropello a una mujer, según tenemos ordenado, tiene que ser castigado con la pena de muerte”, “Don Nicho, no atropellé a la muchacha, me la traje, porque don Alfonso su papá se me escapó no sé cómo y yo tenía que hacer efectivo el préstamo, pero yo la respeté.

Eso puedes decir tú y eso dirán tus muchachos; pero yo, como jefe, no puedo creer simplemente lo que tú cuentes. Pero se lo juro, por Diosito santo, que así es, Manuel fuiste de los primeros soldados de este movimiento de Cristo Rey y has sido valiente, pero si no hay pruebas de que la respetaste, con todo dolor de mi corazón, tengo que mandar que te fusilen, pues don Nicho, mande preguntar a los viejitos, en cuya casa la deposité y mándele preguntar a ella misma.

Los informes tienen que venir buenos; pero si por alguna causa, por coraje conmigo o por venganza, vinieran malos, yo le ruego, don Nicho, que no sean mis compañeros los que me fusilen. En el primer combate que haya, yo entro sin arma y con los brazos amarrados y gritando, “Viva Cristo Rey” Así me matarán mis enemigos y no mis compañeros.

Dionisio Ochoa, que le tenía estimación un poco conmovido, accedió a lo que Facio pedía, mandó una comisión de cristeros serios y en quienes se podía confiar, para que fueran con los viejitos de la cabaña, y a Zapotiltic y trajeran los informes necesarios. Mientras como reo, Manuel Facio fue desarmado y arrestado, sus compañeros fueron desarmados igualmente, en tanto que venían las informaciones y éstas tardaron más de una semana; pero al fin vinieron y vinieron buenas, y Manuel Facio fue absuelto y reintegrado en su puesto de jefe de sus valientes muchachos.

Después de todo esto Don Alfonso Marentes renuncia a la presidencia cediendo su puesto a David Ceballos Campos como nuevo presidente de Zapotiltic. Cuando todo el pueblo se entera de lo sucedido la mayoría de las casas de los más ricos del centro de Zapotiltic y la calle real que aún no contaban con túneles o sótanos los construyen para ocultarse de estos ataques cristeros y ocultar clérigos del gobierno, sobre todo las familias pudientes.

La mayoría eran pequeños túneles de 1.5 mts de alto y de poca profundidad, cerca de 3 mts del nivel natural y recorrían todo el primer cuadro del centro histórico de Zapotiltic por las calles Zaragoza, Bravo, Reforma e Hidalgo comunicándose entre las casas de amigos o parientes para protegerse entre sí, otros eran sótanos ocultos sin comunicación, pero que salvaron muchas vidas y tesoros.

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