Basta de Inseguridad y Violencia en el Sur de Jalisco

La desaparición y posterior asesinado del empresario joyero Jaime Arias García es la muestra más clara de la inseguridad que se vive en prácticamente todos los municipios del Sur de Jalisco, desde los que están en la zona limítrofe con Michoacán y Colima, hasta los que colindan y se asientan en la sierra de Amula.

 Al parecer, para las familias sureñas ya se está volviendo cotidiano el escuchar noticias sobre enfrentamientos en municipios como Santa María del Oro, Quitupan o Jilotlán de los Dolores, mientras que en comunidades con mayor densidad de población delitos del fuero común como el robo a casa habitación, el secuestro y el robo a interior de vehículos se han convertido en el pan de cada día.

Desafortunadamente, a las autoridades municipales, estatales y federales parece no importarles este cúmulo de situaciones que cada día se tornan más alarmantes por su constancia y brutalidad; solo basta analizar los acontecimientos más recientes en el Sur de Jalisco para darse cuenta de la descomposición social que está permeando a la región: el brutal feminicidio de una doctora en Zapotiltic; el homicidio de un prominente hombre de negocios en los límites de Zapotlán y San Gabriel o el hallazgo de un hombre colgado en el campanario de Tecalitlán, son solo algunas muestras de la descomposición social y el crecimiento de la inseguridad en la región.

Pero eso no es todo, pues resulta sumamente extraño que en la actualidad es cuando más elementos de seguridad existen en el Sur de Jalisco, ya que además de los policías municipales, hay en la región Policía Vial del Estado, Seguridad Pública del Estado, Guardia Nacional y Ejército Mexicano, conjuntamente de las policías municipales que precisamente, es a los ciudadanos a quienes menos sirven.

Por ello, el festejo que están promoviendo el ex alcalde Alejandro Barragán y la alcaldesa Magali Casillas no tiene sentido, pues lo único que han sabido hacer a pesar de tener ya bastantes años en la nómina municipal es dejar en el abandono los servicios públicos, surtir agua sucia a los hogares y descuidar sobremanera la atención a las demandas de la población referentes a la mejora en los servicios y desde luego, en la seguridad.

Entonces, ya va siendo hora de que las corporaciones de seguridad cumplan con sus obligaciones y honren su labor que es salvaguardar la integridad, el patrimonio y los derechos de las personas, pues en la región no queremos policías dormilones o corruptos, quienes, en los últimos años, y bajo la complicidad de algunos alcaldes, han permitido que se pierda la tranquilidad y armonía que por mucho año reinó en el Sur de Jalisco.

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