En libro La Odisea del poeta griego Homero, da forma a la leyenda de la Mitología donde se advertía el peligro de escuchar el canto de las sirenas, el cual, llevaba a los navegantes a naufragar estrellando sus barcos contra los arrecifes.
En esa obra de la literatura universal, el canto de las sirenas no era solamente música hermosa, era una trampa de esos míticos seres que al final provocaban un desastre, y que, curiosamente, se adapta con exactitud a la realidad que está viviendo nuestro municipio.
Esta afirmación tiene lugar porque en la actualidad, la clase política y en concreto nuestra presidenta municipal y diputado local, están imitando el canto de las sirenas que por décadas se ha asociado a los representantes populares que utilizan falsas promesas, distracciones y entusiastas discursos que solamente buscan desviar la atención de la población sobre los problemas urgentes que prevalecen en su entorno.
Ya se han enumerado en varias ocasiones las fallas y carencias de nuestro municipio, pero los diputados local y federal tienen la idea de que ganaron una beca de tres años por no hacer nada, mientras que la alcaldesa está siendo rebasada por serios problemas de inseguridad, basura, alumbrado, baches, inundaciones y agua sucia.
Y ya que estamos hablando de las falsas promesas y las fallas en ambas administraciones, hay que recordar en esta temporada futbolera, que en la administración de Alejandro Barragán se canceló la concesión del Estadio Santa Rosa para el club Mazorqueros, una institución deportiva de la que surgieron grandes estrellas que precisamente en estas fechas las vemos jugar en la Copa Mundial de Fútbol 2026.
Se trata de Luis Chávez y el Tala Rangel, originarios de la región Sur de Jalisco y donde uno de ellos perteneció al Club Mazorqueros y el otro a los Tigres de Zapotiltic.
Seguramente, si la concesión a Mazorqueros no se hubiera cancelado, hoy estaríamos viendo en la Selección Mexicana a más jóvenes originarios de la región Sur de Jalisco participando en la Copa del Mundo, pero, desafortunadamente, una mentalidad mediocre pudo más que el entusiasmo de los promotores deportivos.
Así, hoy vemos que el canto de las sirenas no viene de un solo mar ni de una sola voz. En política, como en la vida, las sirenas cantan desde el poder cuando este se embriaga de sí mismo, cuando confunde legitimidad con permanencia, y cuando piensan que, con discursos huecos dirigidos a la nómina municipal, se da por asentando que están cumpliendo sus obligaciones.

